Cenicienta
Unos meses después de la boda llegaron
a su hogar. Cenicienta dejó de hacer lo que estaba acostumbrada en la casa de
su madrastra: lavar, limpiar, fregar pisos y muchas cosas más. En realidad su vida no cambió, solo que ahora vivía en un
castillo.
El príncipe no era el hombre que
ella pensaba, con el que podría ser feliz toda su vida. Él harto de la rutina
de Cenicienta prefería visitar a su suegra y cuñadas, con las que disfrutaba de
su compañía. Cuando iban de visita, Cenicienta era atormentada por sus hermanas
que no cesaban de decir:
-Nunca fuiste digna de él, ahora él
lo sabe y prefiere nuestra compañía-. Mientras el príncipe lo afirmaba con la
cabeza y con un gesto de desprecio. La pobre de Cenicienta se deprimió e
intentó llenar el vacío que sentía, comiendo.
Después de un tiempo esta situación
empeoró, el príncipe la trataba de mal en peor y solo en fiestas del palacio
era cuando se comportaba como un buen esposo. Cenicienta sabía que durante las
visitas que él hacía a sus hermanas había algo más que una buena relación
familiar.
Cenicienta no pudo más al ver su
triste realidad y darse cuenta de que su final feliz nunca existió.
Autoras:
Claudia Cecilia Maldonado Carrillo
Irais González Machorro
crueldad, nunca le contare esta versión del cuento a mis niños
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